4 razones por las que comes sin hambre, ¡no boicotees tu dieta!

¿Eres consciente de que en algunas ocasiones comes sin tener hambre? ¿Te pasa muy a menudo? Si estás siguiendo una dieta para perder peso o estás intentando controlarlo, esto puede tirar tus planes por tierra. Identificar las razones por las que comes sin tener hambre puede ayudarte a controlar mejor esos impulsos.

Comes sin tener hambre porque emocionalmente lo necesitas

Comes porque estás triste, enfadada, deprimida, decepcionada, te sientes sola o porque te han roto el corazón. Básicamente estás utilizando la comida para que te ayude a sentirte mejor. A esto se le llama comer emocional porque comes para satisfacer tus necesidades emocionales, no fisiológicas. Pero no creas que eres la única a la que le pasa esto. De hecho se estima que un 75% de los atracones de comida tienen que ver con las emociones. Estas emociones no tienen por qué ser necesariamente negativas, también pueden ser positivas (la alegría, el enamoramiento). Si esto pasa de vez en cuando no tiene por qué ser un problema. Sin embargo, si la comida es a lo primero a lo que recurres para sobrellevar tus emociones, puedes acabar atrapada en un círculo vicioso y muy poco saludable. Refugiarte en la comida hará que te sea imposible seguir una dieta, perder peso o mantenerlo. Además, acabarás sintiéndote mal contigo misma por no ser capaz de controlarte y haber comido más de la cuenta.

¿Qué puedes hacer?

Aquí tienes cinco pautas recomendadas por los expertos. Si te ves incapaz de solucionar este problema, no dudes en buscar la ayuda de un profesional.

1) Identifica el detonante. Este es un punto crucial para acabar con este problema. Sin embargo, no siempre resulta fácil identificar qué situación, lugar o persona ha provocado el comer emocional. Una buena manera de hacerlo es llevando un diario. En este diario deberías apuntar qué te ha conducido a comer de esa manera, qué has comido, cómo te sientes antes y después de comer. Recoger estos datos a lo largo del tiempo te permitirá identificar un patrón. Te darás cuenta de a qué tipo de comida recurres en esos momentos y si hay alguna circunstancia que desencadene ese comer emocional (por ejemplo, el estrés que te generan las fechas límite, las reuniones familiares o estar con una persona en concreto).

2) Necesitas encontrar alternativas a las que puedas recurrir en esos momentos. Alternativas no relacionadas con la comida y que puedan llenarte emocionalmente (hablar con un amigo, salir a correr o a pasear al perro, bailar, leer un libro…)

3) Cuando sientas el dese imperioso de comer, detente. La respuesta al comer emocional es prácticamente automática. No te das cuenta y ya tienes la bolsa de patatas en la mano o la cuchara metida dentro del helado. Intenta aguantar durante cinco minutos y podrás recuperar el control. Si cinco minutos es mucho, empieza por un minuto. Detente, reflexiona y recurre a las alternativas que hayas escogido en el punto dos.

4) Aprende a aceptar tus emociones, tanto las buenas como las malas. Tarea difícil, lo sé. Pero si no consigues hacer esto, puedes entrar en un círculo vicioso que no es bueno ni para tu mente ni para tu cuerpo. Si necesitas ayuda, no dudes en pedirla.

5) Apuesta por un estilo de vida saludable. Es importante estar físicamente bien, sentirte fuerte y relajada. Tener un sueño reparador, hacer ejercicio con regularidad, encontrar tiempo para relajarte y tener vida social pueden ayudarte a superar el comer emocional.

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 Comes sin tener hambre porque estás aburrida

La comida puede también convertirse en una manera de distraerse cuando estás aburridísima. Todos lo hemos hecho en algún momento. Estás en casa sin saber qué hacer, dando vueltas de un lado a otro y acabas en la cocina picoteando algo.

¿Qué puedes hacer?

La solución pasa por encontrar una actividad que te divierta y te permita alejarte de la comida. Leer un libro, estudiar, bailar, pasear, hacer puzles, jugar con tus hijos… Aquí la lista puede ser larga y tú sabes mejor que nadie el tipo de actividades que te entretienen. Lo importante es que te des cuenta de que estás comiendo porque te aburres y te pongas manos a la obra para solucionarlo.

Comes sin tener hambre porque otros están comiendo

Piensa en cualquier comida familiar, cena con los amigos o comida de empresa a la que hayas ido últimamente. La conversación fluye y tú vas comiendo y comiendo, sin prestar demasiada atención a las cantidades o a si ya estás llena o no. Y como todos comen, tú haces lo mismo, se piden otra ración y tú también, se sirven más vino y tú acercas tu copa. Es un comportamiento normal y algunos estudios muestran que tendemos a imitar a nuestros compañeros de mesa en esta clase de situaciones.

¿Qué puedes hacer?

Antes de repetir, de llenarte de nuevo el plato, la copa, pedir un postre… comprueba cuánta hambre tienes. ¿Cómo te sientes? ¿Sigues teniendo hambre, estás satisfecha, te falta rellenar un hueco, estás que revientas? Una vez hayas hecho esta comprobación, actúa en consecuencia. Nadie se va a molestar, o por lo menos no deberían, porque no repitas plato o no quieras postre.

Comes sin tener hambre porque la comida está a la vista

Esta es tan evidente… Y aun así a veces no la tenemos en cuenta. ¡Con lo fácil que sería evitarla, especialmente en casa! Aunque no tengamos hambre nos resulta difícil no coger esos caramelitos del mostrador, uno o dos bombones de esos que tu compañera de trabajo siempre tiene en su mesa, un canapé aquí y otro allá porque tienen tan buena pinta y el camarero va pasando por delante de ti.

¿Qué puedes hacer?

La comida puede ser una gran tentación cuando está a la vista. Es muy difícil decir no cuando la tienes delante y te entra por los ojos. Por lo tanto, la solución más obvia es evitar que esté a la vista, especialmente si es algo que te gusta mucho. Si has comprado galletas, chocolate, bombones, bolsas de patatas… guárdalo todo enseguida. Si estás en una fiesta y no tienes hambre, ponte de espaldas a la mesa de los canapés, distráete hablando con la gente o bailando.

Ahora que sabes las posibles razones por las que comes sin hambre, intenta ponerle freno. Cuando quieres perder peso es fundamental controlar qué comes y las cantidades.

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